Lunes, Septiembre 06, 2010

Discurso Presidenta del CPB

cpbBuenas noches muy apreciados miembros del Círculo de Periodistas de Bogotá, colegas periodistas y amigos todos que nos acompañan hoy.

Antes de dirigirme a ustedes con las palabras que tengo preparadas para el día de hoy, permítanme referirme a un hecho que afecta de manera profunda el ejercicio del periodismo independiente en Colombia: el cierre de la revista Cambio, que sienta un precedente muy negativo para el  ejercicio del periodismo en Colombia.  Si las razones del cierre fueron económicas,  son válidas, pero la manera como se produjo la decisión ha transmitido la idea de que hay algo más que un problema de balances contables. 

Si las razones, en cambio, son políticas, constituye un sacrificio de la libertad de prensa en aras de otro tipo de intereses. El caso es que afecta a una revista que se había  caracterizado por sus informes serios y sus denuncias contundentes sobre  temas tan delicados como las bases estadounidenses en Colombia, el agro ingreso seguro o los falsos positivos.

Quien toma la decisión es una casa editorial cuya centenaria biografía revela una trayectoria de coraje e independencia, la casa editorial donde me formé y que hoy pertenece a un grupo internacional de comunicaciones.

Estos acontecimientos nos obligan a plantear una vez, como en muchas oportunidades en la historia de nuestro periodismo, ¿qué es libertad de prensa?, ¿simplemente la ausencia de presiones oficiales o un ambiente libre de ataduras de toda índole para informar sin cortapisas? ¿Y en qué manos reposa la libertad de prensa?
Lo que está sucediendo, los periodistas no lo podemos aceptar y nos unimos en un gran abrazo de solidaridad con Rodrigo Pardo, su director, con María Elvira Samper, su editora, todo el equipo de periodistas dedicados a la investigación, así como a todos aquellos que hace 16 años tuvieron un sueño, que convirtieron en realidad: ofrecerle al país un revista seria, crítica e independiente.

Para nosotros es un día muy especial, el Día del Periodismo en Colombia  y una noche de gran solemnidad  “La noche de los mejores”, durante la cual se  entregan los premios de los periodistas, para los periodistas, a quienes han concursado con sus trabajos y ahora vamos a conocer quienes han sido los ganadores.

Es también un día  de reflexión  sobre nuestra profesión, la más bella del mundo, por su compromiso con la sociedad; su responsabilidad como poder independiente, un poder que se degrada cuando se somete a otros: el poder político, el económico, el religioso. El poder de la prensa vale cuando es independiente, vigilante y crítico; de lo contrario renuncia a su misión fiscalizadora y se convierte en un cómplice vergonzoso de los demás.

Si analizamos lo que estamos viviendo día a día, encontraremos muchos ejemplos de esta situación.

El sometimiento de los medios al poder económico a través de la publicidad o los favores financieros es una manera de coartar  su libertad. La publicidad es bienvenida y, más claramente aún, es indispensable para la vida de muchos medios de comunicación, pero debe mantenerse en un diáfano  marco que consiste en obtener tiempo o espacio de anuncios a cambio de pagar una tarifa. Nada más. Comprometer la ideología, los silencios o la orientación del medio para atraer o defender la publicidad es una manera de sacrificar la credibilidad y la independencia de la publicación.  Igual sucede con la política, con la religión, con los poderes estatales, con las organizaciones cívicas: si se aceptara que ellos intervinieran en la selección de las noticias o influyeran en el enfoque de los editoriales, el periodismo estaría abandonando sus deberes.

Lamentablemente, hemos presenciado casos recientes en que se sacrifica la independencia de un medio de comunicación, o directamente la subsistencia del medio, por presiones políticas que se agregan a dificultades económicas. Es evidente que ciertas investigaciones no son bienvenidas en determinados círculos políticos o económicos, y es de deplorar que algunos medios cedan ante la reacción de los poderes que se sienten desnudados o afectados. A veces, lo sabemos bien los periodistas colombianos, el atrevimiento de fiscalizar se paga con la vida.

En el costado opuesto de la vigilancia y del inevitable riesgo que ella genera se abre al periodismo una alternativa fácil: la del entretenimiento, fuente solícita de la frivolidad y manera de escapar de los deberes. No se trata de que no exista esta clase de periodismo. Pero hay que oponernos a que se sustituya la fiscalización por la comodidad de lo intrascendente.

Es el momento de decir basta, de asumirnos como lo que somos: la conciencia de la sociedad, que es el mayor aporte que podemos hacer al país, a nuestra familia, a nosotros mismos.

A lo largo de todo el año son muchos los casos de diversa naturaleza que han atacado a nuestra profesión, desde asesinatos y amenazas hasta procesos injustos y cierres inesperados. Debemos mantenernos alerta y conservar el más esforzado sentido profesional y el más sólido y sereno sentido de la dignidad.

Sea la oportunidad de hablar sobre el papel que están cumpliendo  las Facultades de Periodismo. Cada día hay más facultades, más alumnos deseosos de ser periodistas y en esta balanza, del otro lado, cada día menos fuentes de trabajo. En cuanto a la formación de los futuros periodistas, esos programas de trabajo, ¿qué tan estrictos son en la discusión de valores profesionales del verdadero periodista, como la ética, la independencia, la investigación, la responsabilidad? No es suficiente con enseñar a redactar titulares o adiestrar en nuevas tecnologías. Los estudiantes deben reflexionar sobre los alcances de su misión y los valores que a ella corresponden.

Estas rápidas reflexiones tocan solo unas pocas de las muchas dudas que hoy aquejan a nuestra profesión. Hay muchas más, relacionadas, por ejemplo, con la manera como la crisis económica ha golpeado al periodismo; la reducción del empleo y el estancamiento de los salarios en los medios de comunicación durante los últimos años; la incertidumbre que rodea al futuro tecnológico; la ya mencionada inseguridad personal que sigue acechando a los periodistas y la creciente influencia de las decisiones gerenciales en la calidad de los servicios informativos. En los próximos meses, todos estos temas serán objeto de mesas redondas y análisis bajo la promoción del CPB.

No quiero terminar sin un reconocimiento al profesionalismo y la calidad de periodismo que, en general, se hace en Colombia, reconocido por su capacidad de sobreponerse a toda suerte de vicisitudes. A pesar de los peligros que corren a diario, nuestros periodistas buscan la noticia, investigan con dedicación, denuncian errores, descubren valores, enriquecen el día a día con sus comentarios y son requeridos en medios extranjeros. Por encima de todo, nos mantienen siempre  informados del acontecer del país y del mundo. Muchas gracias a todos. Nos sentimos orgullosos de compartir esta profesión con tan valerosos y valiosos ejemplos.

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